Han tenido que pasar nueve años para que sepa por qué hay veces que estoy triste y no sé por qué. Han tenido que pasar nueve años para que sepa porque hay veces que me siento tan sola y siento que nadie puede calmarme. Han tenido que pasar nueve años para que sepa por qué lloro a veces. Han tenido que pasar nueve años para darme cuenta de que cuando tú te fuiste, una parte de mí se fue contigo. Han tenido que pasar nueve años para darme cuenta que esas veces estoy así porque no estás, porque esa parte de mí que eras tú se fue.
Me siento mal. Haces veinte años y siento que no puedo hacerte nada, que no puedo regalarte nada. Me frustro y lloro, ¿qué clase de cumpleaños te está dando tu hermana? Ojalá estuvieses aquí, aunque sólo fuera verte, darte un abrazo, oírte algo e irte. Siento que no puedo darte más que lo que ya tienes, ese es mi regalo, esa parte de mi que jamás volverá, esa parte que cada día y cada año por el resto de mi vida me recordará que estoy y estaré incompleta porque me falta eso, me faltas tú. Y sabré que cuando lloro y cuando estoy triste es por eso, porque te echo de menos y porque estoy incompleta.
Mi regalo de cumpleaños es la eternidad. Tu eternidad. Cada 3 de febrero encenderé la vela y notaré el dolor de esa cicatriz, esa marca que me recordará siempre lo que duele estar a medias. Estar sola sin esa mitad que me complementa, esa mitad que es parte de mí. Esa parte que eres tú.
Vuelve. Vuelve a ser mi salvación.

Pero sabes, él siempre estará contigo... :)
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