miércoles, 24 de noviembre de 2010

f*ck!

Cuando despiertas.
Cuando te preparas para un nuevo día.
Cuando te dedicas a pensar en banalidades por no pensar e otras cosas.
Cuando actuas banalmente* por miedo a salir de aquello a lo que estás acostumbrado.
Cuando finalmente llegan esos momentos del día que no deseas que lleguen nunca porque sabes que es peor pensar en ellos, por eso te rindes a las banalidades, pero llega un punto que estas se agotan.
Entonces llega ese momento en el que piensas.
Piensas cuando ries, pero que al minuto siguiente lloras.
Piensas cuando amas, y al minuto siguiente no sabes si llamarlo amor, cariño o miedo a verte sola.
Piensas en lo que estas haciendo, y descubres que no es lo que quieres.
Piensas en lo que quieres, pero te duele pensarlo, porque ni siquiera sabes eso.
Piensas en el ayer, cuando todo era sencillo y feliz y lo echas de menos.
Lo echas tanto de menos que cada vez piensas menos en dar pasos hacia delante y más en dar pasos hacia atrás.
Piensas que no puedes rebobinar una vida, pero lo haces constantemente.
Piensas que estás en un pozo sin fondo y sin respuestas.


Lo malo es que no sólo lo piensas, si no que también lo estás.
Y peor aún, ese pozo está vacío. Contiene recuerdos, pero que son los recuerdos más que ecos del pasado.
¿Acaso se puede vivir de ellos? No, porque tan sólo son recuerdos.

1 comentario:

  1. Tal vez en cuanto le dediques algo de tiempo a esos pensamientos que no quieres tener, antes hagas que desaparezcan o, al menos, que no te incomoden intentando hacerse hueco... aunque sea más fácil volar a otra parte.

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